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Por qué el Cacao es la planta sagrada idónea para experimentar aquí, España y ahora, en Octubre de 2016

Porque es poderosa.

Sin dejar de ser “afectuosa”.

Porque es terapéutica.

(Si quieres).

Porque te pregunta

antes de colocarte al borde de un precipicio abisal.

(El tuyo).

Porque te permite experimentar en el plano del subconsciente.

Sin anular completamente tu consciencia.

Porque trabaja placenteramente la energía de la mujer,

integrando el masculino con ternura.

Porque pertenece a lo consensuado,

y sin embargo,

“bien utilizada”,

nos embarca en viajes asombrosos.

Porque mientras el chocolate es cotidiano, territorio explorado,

El cacao nos muestra lo exótico en nosotras mismas,

lo que nadie colonizó, ni colonizará.

Jamás.

 

Durante un año y medio viajé por Sudamérica.

Sabía qué quería: experimentar con plantas sagradas y para qué: seguir transformándome, explorando(me). Más adentro. Más oscuro. Más luminoso.

Hacía tres años que me había puesto “en serio” a trabajar conmigo misma: Reiki, ayunos, mantras, estudio del árbol genealógico, alimentación consciente, escritura automática, Yoga. Así, a saco. Como sabía que estaba aprendiendo a gatear, no tenía prisa (bueno, a veces sí…). Me sentía en el camino “correcto”, al menos el correcto para mí (aunque, ¿acaso existen las elecciones “incorrectas”?). Tras tantas turbulencias kármicas y tumbos espirituales mi corazón me seguía diciendo: “por aquí, por aquí”. A lo que mi cabeza contestaba: “ya, ¿no..?

Quédate quietecita”. Todo lo contrario: lo dejé todo y me fui. (pero esa es otra historia).

Cuando vas a Sudamérica las plantas sagradas te encuentran por todos lados y tú las encuentras a ellas. Oportunidades, constantemente. Sabes que el momento llegará, pero ¿cuándo?. Te preguntas: ¿es esta la oportunidad? ¿MI oportunidad?. Hay que afilar la intuición, y la intención.

Estuve apunto de agarrar un par de oportunidades que, en la distancia, no eran mis oportunidades. El ambiente chamánico selvático aún me genera cierto estrés, desconcierto, intranquilidad. Me decía: “si ya per se, vas cagada, ¿quieres añadir más X’s a la ecuación?”. Las chamanas hablan, literalmente, otro idioma. La selva alberga TANTA vida, es hermosa, pero ciertamente incierta, agresiva. Dietar durante el viaje, para internarse en procesos de ceremonias, genera gusanitos en la tripa. Gusanitos de nervios, me refiero. Dudas.

¿A cuánto “riesgo” estás dispuesta a exponerte? Abres la puerta: ¿pero cuánto? ¿la abres de par en par? ¿o una rendijita? Entra la luz, pero no puedes bloquear la oscuridad. ¿A qué estás dispuesta y a qué no…? Nuevas posibilidades, nuevas plantas sagradas y nuevos chamanes, Dudas.

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Conocí a Arina por una causalidad casual y eso ya, me gustó. Llegar al lugar oportuno en el momento oportuno. Suceder a la otra persona y que esa persona te suceda a ti sin permitir interferencias de la razón. Y antes de que encuentres explicación, ya te has apuntado a un retiro. Ya estás allí, ya has depositado tu intención en el fuego. Comienza.

El cacao se me manifestó como terreno seguro desde el principio, quizá por lo cotidiano. Pero también como terreno fértil. Yo había oído historias sobre los mayas. Estaba tranquilamente intranquila.

Dicen que una ceremonia empieza desde que se empieza a formar en tu imaginación. Bailas con tus miedos, con tus expectativas, ¿lo haré, no lo haré? Qué pasará.

Compartí con Arina dos ceremonias de cacao. En una, estaba a mi lado, viajando. Otra, ella me guiaba. Una estática, la otra dinámica. ¿Tuve miedo? NO. Recibí sencillamente lo que tenía que recibir. Lloré. Unas lágrimas distintas a las terrenales, manantiales que brotaban desde lo profundo. Reí una risa distinta a la de este mundo. Me reía de mí. Y bailé un baile nuevo con un cuerpo celeste, otras manos y otras piernas. Entré con un manojo de preguntas. Salí habiendo gritado todas afuera, sin recibir respuesta alguna terrenal. Y sin embargo feliz de comprender que se pueden disparar interrogantes para después permanecer en paz. Sin expectativas. Sin iluminación, sino proceso.

Para mí es difícil explicar con palabras qué es una ceremonia de cacao. Pero aquí estoy, intentándolo.

Sólo sé que yo iba buscando una “herramienta” para experimentar y la encontré-

Quise sanar mi feminidad y comencé a gatear, de nuevo, y de nuevo la sensación de estar en el camino correcto pero sabiendo que este era un camino más rápido, más esclarecedor, con menos hackeos de ego-ismo y racionalidad propia y ajena.

Que de alguna manera estaba ¿cansada? De las técnicas que no me permitían “engañar” al consciente, porque sentía que una y otra vez yo y otras era(n) mi propia trampa.

Y sin embargo, no me sentía cómoda (aún) para aventurarme a noquear del todo a mi razón. (Ayahuasca, San Pedro, Wachuma). Por ahora, por lo menos para empezar, sólo era cuestión de darle esquinazo por un rato a mi cabeza, con ternura, como una travesura.

Quién sabe después.

El cacao me dió el Equilibrio que necesitaba para desequilibrarme a gusto.

Y es que, siempre he pensado que los mejores equilibrios son los que nos permite desequilibrarnos sin riesgos innecesarios. Desequilibrar a la razón desde el corazón para volver a calibrarnos, una y otra vez. Sanar es calibrarse al ritmo de nuestra propia vibración.

El cacao abrió una puerta: se puede EXPERIMENTAR LA ESPIRITUALIDAD. Que no te lo cuenten otras, ni siquiera tú misma. Ve y prueba. Ve (allí) y VE lo que tengas que ver. Y después vuelve. Y lo cuentas.

Fue tan bonito y tan afectuoso y tan revelador el proceso, que cuando Arina y yo nos separamos nos prometimos seguir trabajando en sanar el Femenino. Sin saber casi (por lo menos yo) por dónde empezar, ni siquiera qué es realmente lo “Femenino”, la Mujer. Pero con una clara intención: HACERLO, hasta el final, conllevase lo que conllevase– confiando en que encontrarás la manera, los aliados, un mapa: como si el camino ya estuviese trazado, de alguna extraña manera, en tu corazón, en tu útero. Que estamos embarazadas de esa posibilidad. La posibilidad de sanarnos. Quizá desde hace mucho, quizá desde siempre.

Ahora que he vuelto. Que Arina me escribe: “Voy a España”. Ahora que organizamos una ceremonia de Luna Llena. Ahora que no tienes que volar a Perú para experimentar- Es tu turno.

Sé que es una afirmación un tanto totalitaria, pero basada en mi experiencia, que es lo único que tengo, puedo decir que
“El Cacao es la planta sagrada idónea para experimentar” Por lo menos aquí, en Madrid, España y ahora:  En la próxima luna llena, el 16 de Octubre de 2016.

El cacao, para experimentar:

¿El QUÉ? Lo que TÚ NECESITES, acompañada por otras mujeres.

Encuentra tu mapa. Está ahí dentro.

Olga Hueso.

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